Poncho K celebra 25 años con tres sold out en Madrid

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Poncho K celebró en Madrid 25 años en la música como mejor sabe hacerlo: subido a un escenario, rodeado de su gente y demostrando que sus canciones siguen creciendo con quien las escucha. No llenó la Sala Mon tres veces por casualidad. La llenó porque sigue siendo de verdad.

La noche del 7 de febrero fue algo más que un concierto. Fue una celebración. Dos horas de música sin prisa, con una banda nueva, sólida y con hambre, que sonó compacta desde el primer acorde. No hubo discursos largos ni artificios: canciones, actitud y verdad.

Desde el arranque con Pasa, Kolegas? y Estoy, me voy, la sala ya estaba arriba. No hizo falta calentar motores. Duermes, o Pistolas cayeron una tras otra, con el público cantando cada palabra como si fueran propias. Y es que en los conciertos de Poncho K las canciones no se escuchan: se comparten.

La respuesta fue total. Pogos constantes y coros que a veces tapaban al propio escenario. Temas como Arrebatos de Primavera, El último sol, Punky Gitano, Una historia con las manos sonaron o Manolito Caramierda como himnos de barrio, de esos que unen a desconocidos durante unos minutos.

Bastaba con mirar alrededor para entenderlo todo. Camisetas de Poncho K mezcladas con camisetas de Robe Iniesta, generaciones distintas conviviendo sin esfuerzo. Gente de todas las edades, desde quienes llevan más de veinte años siguiéndolo hasta chavales que quizá lo veían por primera vez en directo. Todos ahí por lo mismo.

El repertorio tuvo mucho peso de 333, su último disco, que sonó con fuerza y encajó de forma natural entre canciones más antiguas. El Principito, Idas y Venidas y Alfileres dejaron claro que Poncho sigue escribiendo desde el mismo sitio: diciendo las cosas como las siente, sin disfrazarlas.

En mitad del concierto llegó uno de los momentos más especiales de la noche. Poncho K se quedó solo en el escenario, guitarra en mano, bajando las revoluciones y acercándose aún más al público. Un instante íntimo y desnudo, sin banda ni ruido alrededor, en el que la Sala Mon se recogió para escucharle de cerca, casi en confidencia. Un recordatorio de que sus canciones también saben sostenerse solas.

Tóxico fue otro de los momentos más cercanos del concierto. Antes de tocarla, la dedicó a los fans que no pudieron asistir debido al temporal que atraviesa Madrid, un gesto sencillo que fue recibido con un aplauso largo y sincero.

Y entonces llegó Verborrea. La canción, grabada originalmente junto a Robe Iniesta, tomó un significado especial al escucharse la voz grabada de Robe, recientemente fallecido. Lejos de quedarse en silencio, la sala respondió cantando con fuerza, convirtiendo el momento en un homenaje colectivo, emocionado y lleno de respeto.

El concierto también dejó espacio para las sorpresas. Kike Babas y Kike Tormenta se subieron al escenario como invitados, sumando complicidad y energía a una noche que ya iba sobrada de ambas cosas.

La recta final fue un regalo para los de siempre: Al trote, Borracho de la Madrugá, El Bicho, Corrientes Demolientes y Mentiras de sal, hasta cerrar con Indestructible, una despedida por todo lo alto.

Pero más allá del setlist y la energía, había algo claro: Poncho K está en un buen momento. Se le ve cómodo, seguro, disfrutando. Sin necesidad de demostrar nada. Con la tranquilidad de quien lleva 25 años haciendo las cosas a su manera.

Desde sus primeros discos hasta 333, su trayectoria ha sido la de alguien que nunca ha buscado atajos. Canciones de calle, de resistencia, de contradicciones y orgullo. Y lo más llamativo es que, después de un cuarto de siglo, no suena acomodado. Suena firme.

Lo de Madrid no fue un ejercicio de nostalgia. No fue una gira para mirar atrás. Fue más bien una forma de decir: seguimos aquí. Y con fuerza.

Además, la celebración no termina en la capital. Tras estas tres noches, ya hay nuevas fechas anunciadas en Sevilla (21 noviembre 2026), Murcia (07 noviembre 2026) y Barcelona (14 noviembre 2026). La gira continúa. El viaje sigue.

Crónica y fotografía por Mireya Martín

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